El trail de Zoquetes: así supera una carrera el millar de inscritos sin dar un euro en premios

Alcorisa Fondistas, que surgió en 2011 como una excusa para trotar unos kilómetros de madrugada antes de ir al trabajo, hoy tiene una fecha fija del invierno, la temporada baja del trail, un periodo en el que las zonas con altitud rara vez se arriesgan a un hueco en el calendario que pueda chafar la meteorología. Y en el que los atletas profesionales están transitando entre temporadas, bien con deportes cruzados como el esquí de montaña o con los grandes volúmenes propios de una pretemporada. “Inauguramos el calendario y queremos ser el referente en enero. Lo que nosotros queremos transmitir es que cojan ganas para todo el año. Nosotros buscamos atraer a la gente por el corazón, no porque vengan a buscar premios”, subraya el director de carrera, Fernando Mateo.

La carrera es inseparable de Mateo, ganadero y padre de dos hijos de tres y seis meses. Aun así, siempre tiene un segundo para contestar el móvil e interesarse por los corredores. “No te engañará si te digo que cada día tengo 15 conversaciones. Preocupándote por los élite, preguntándoles qué tal aunque estén lesionados. Nos ganamos su corazón antes de que vengan. Es ser cercano y humilde; no es escribirle solo cuando haya ganado un título, sino en las buenas y en las malas. Sin idolatrarles, de tú a tú, son personas normales”. Un esfuerzo tan inmenso que prevé dejarlo el próximo año. “No me gusta estar a medias. Si me meto voy a por todas”. Hace un lustro el evento apenas superaba los 300.

Alcorisa logra un híbrido entre evocar lo propio y acoger lo mejor de lo ajeno. El ejemplo es el homenaje a Rafa Esteruelas, uno de tantos vecinos que sostiene una carrera con unos 200 voluntarios, fallecido en 2025 por cáncer: “Los corredores de montaña nunca mueren, se convierten en parte del paisaje. Ahora, cada vez que sople el viento, sabremos que eres tú”, rezaba el acto antes de que su viuda recogiera una placa sin palabras. Tanto sopló el sábado que volcó en la meta un caldero con 20 litros de aceite para los huevos fritos que dan el cariño gastronómico. Cuando llegaron los senderistas, que abrieron la mañana y se fueron apartando según pasaban los corredores se quedaron sin premio. Jairo, el más joven en completar los 23 kilómetros, con seis años, llevaba con el gancho a su padre.