16 minutos y una vida

Lo primero que vio Andrea Orlandi al despertar del coma fue a Laura, su pareja. Ella le informó de que había tenido un paro cardiaco mientras jugaba al tenis. Que esa parada había durado 16 minutos y que lo habían reanimado con la ayuda de varias personas y de un desfibrilador. Él se puso a llorar y preguntó por sus hijas. Todo bien, no sabían nada aún. Se puso a llorar de nuevo. Pensó en su madre y en su hermana. Estaban allí con él. Lo siguiente que hizo fue una muestra inequívoca de que las secuelas no serían muy graves. También una demostración de cómo funciona la mente humana a la hora de ordenar sus prioridades. “¿Y Toni?”, inquirió en voz alta. Toni Fernández era un jugador al que representaba y que, en esos días, estaba negociando su renovación con el Barcelona.

En los días que siguieron a aquel despertar, le hicieron varios chequeos. En uno de ellos le preguntaron si, durante el tiempo en que su corazón se detuvo, había visto o sentido algo. Contestó que no. Y eso que Andrea había tenido una trayectoria como futbolista en la que no habían faltado momentos atípicamente estelares.