¿Crisis? ¿Alguien dijo crisis? Va y viene el tenis muy rápido, replanteando el escenario en márgenes muy cortos de tiempo y lo que ayer parecía oscuro, mustio y encallado, hoy reverdece y está iluminado. Paciente, Jannik Sinner repetía: “Confío en lo que estoy haciendo. Es cuestión de trabajo, de perfeccionar cosas y de respetar los periodos. Todo llegará”. Y así es. , enraizadas fundamentalmente en el exterior, el número dos del mundo levanta los brazos y celebra triunfador, rodeado de confeti, la conquista de Indian Wells. Acontece tras un reñido desenlace en el que Daniil Medvedev, este Medvedev con gesto de no haber roto un plato, ha tensado la cuerda de principio a fin. Se decide la final al desempate: 7-6(6) y 7-6(4), en 1h 55m.
Busca versatilidad y en ello está. Testea las innovaciones también contra Medvedev, descolgándose de vez en cuando para intentar sortear el muro y probando la dejada, más valiente, pero el ruso está centrado y con ganas, convencido y amenazante desde el principio. No solo sostiene el pulso sino que contragolpea con decisión, tratando de convertirse en ese segundo hombre que logre lo difícilmente imaginable: batir a Alcaraz y Sinner en un mismo torneo, o algo así como hollar de un día para otro (o sea, sin oxígeno) el Everest y el K2. Solo un titán podría conseguirlo. Solo uno ha sido capaz, de nombre Novak Djokovic, autor de la hazaña , cuando todavía les aguantaba el ritmo. Eran otros tiempos.
Lo de ahora es diferente. El orden ha cambiado y le sobra cadencia a Sinner, quien a base de serrar y serrar, termina llevándose un primer parcial decidido sobre la cornisa, al límite, sin que uno ni otro cedan. El italiano ha pedido que le quiten el vendaje compresor del tobillo porque se lo estrangula y sigue produciendo como una máquina de meter primeros, mientras el ruso no encuentra la rendija porque, hasta ahí, no la hay. Puerta cerrada a cal y canto. Sin embargo, lo ha digerido bien. En otros tiempos recientes se hubiera torcido rápidamente, empantanado , pero hoy se aplica, se levanta, arriesga y logra no descolgarse, que no es poco. Este Medvedev es otro. Magnífico. Se hidratan los dos porque la paliza está siendo de aúpa. El sudor se desliza sobre la calva de Agassi.